domingo, 1 de agosto de 2010

RELOJES



Un fama tenía un reloj de pared y todas las semanas le daba cuerda CON GRAN CUIDADO. Pasó un cronopio y al verlo se puso a reír, fue a casa e inventó el reloj-alcachofa o alcaucil, que de una y otra manera puede y debe cuidarse.


El reloj alcaucil de este cronopio es un alcaucil de la gran especie, sujeto por el tallo a un agujero de la pared. Las innumerables hojas del alcaucil marcan la hora presente y además todas las horas, de modo que el cronopio no hace más que sacarle una hoja y ya sabe una hora. Como las va sacando de izquierda a derecha, siempre la hoja da la hora justa, y cada día el cronopio empieza a sacar una vuelta de hojas. Al llegar al corazón el tiempo no puede ya medirse, y en la infinita rosa violeta del centro el cronopio encuentra un gran contento, entonces se la come con aceite, vinagre y sal, y pone otro reloj en el agujero.

CORTÁZAR, Julio. RELOJES. Historias de cronopios y de famas.

1 comentario:

  1. Bella forma de actuar...es la del cronopio...sugerente reflexión...

    Un abrazo.

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