lunes, 2 de marzo de 2009

EL FANTASMA Y YO - Amado Nervo -



Mi alma es una princesa en su torre metida,

con cinco ventanitas para mirar la vida.

Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó.

y tu alma, que desde antes de morirte volaba,

es un ala magnífica, libre de toda traba...

Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!



¡Qué entiendo de las cosas! Las cosas se me ofrecen,

no como son de suyo, sino como aparecen

a los cinco sentidos con que Dios limitó

mi sensorio grosero, mi percepción menguada.

Tú lo sabes hoy todo..., ¡yo, en cambio, no sé nada!

Tú no eres el fantasma: ¡el fantasma soy yo!


NERVO, Amado. El fantasma y yo. En Poemas y poesías.

domingo, 1 de marzo de 2009

LA TENTACIÓN DE EXISTIR - Emile Cioran -



"Por cobardía sustituimos la sensación de nuestra nada por la sensación de la nada. Y es que la nada general apenas nos inquieta: vemos en ella demasiado a menudo una promesa, una ausencia fragmentaria, un callejón sin salida que se abre. Durante largo tiempo me obstiné en hallar a alguien que lo supiera todo sobre sí mismo y sobre los otros, un sabio-demonio, divinamente clarividente. Cada vez que creía haberlo encontrado, debía, tras un examen, cambiar de opinión: el nuevo elegido tenía todavía alguna mancha, algún punto negro, no sé qué recoveco de inconsciencia o de debilidad que le rebajaba al nivel de los humanos. Percibía yo en él huellas de deseo o de esperanza, o algún residuo de pesar. Su cinismo era manifiestamente incompleto. ¡Qué decepción! Y proseguía siempre mi búsqueda y siempre mis ídolos del momento pecaban en algún aspecto: el hombre estaba presente en ellos, oculto, maquillado o escamoteado. Acabé por comprender el despotismo de la especie, y por no soñar más que con un no-hombre, con un monstruo que estuviese totalmente convencido de su nada. Era una locura concebirlo: no podía existir, ya que la lucidez absoluta es incompatible con la realidad de los órganos".

CIORAN, Emile. La tentación de existir -fragmento-

sábado, 28 de febrero de 2009

EOS -poema-



La grisácea luz emana alegría
al calor del trino del gorrión.
Las gotas de rocío caen puras
en la fresca hierba al amanecer.

La hierba retumba gracia,
al recibir el manjar de vida
en aquél crecimiento musical.
Una hoja ondula en el corazón.

La planta mueve las hojas,
en silencio lánguido saborea
el dulce néctar del manantial.
Una gota de agua se resiste a caer.

Una flor espera el llamado lenticular
para hacer crecer el tibio polen
de entrañas en diamante.
Los rayos del sol aparecen en el horizonte.

Dichoso el intrépido colibrí,
al traspasar la callada puerta,
dejando huellas de una tenue ensoñación.
¿Quién amordaza a la abeja en el panal?

El sonido del furioso viento
alimenta las entrañas de mi ser,
cual verso de agua en esencia.
¿Quién interroga al hombre en la profundidad del Eos?

¿Quién llama en el Eos de la Fuente?
Un pensamiento...

Por Luis I. Rodríguez

viernes, 27 de febrero de 2009

EL ÚLTIMO DINOSAURIO - Eduardo Santamaría -


El último de una gran raza, aniquilada por los superficiales miedos que azotan la mente humana. Escondido de los ojos ajenos en una oscura caverna de las bajas cumbres, ve pasar los años con desgana, esperando que llegue su hora.
Ni siquiera "él" recuerda ya su nombre. El ultimo animal fabuloso que queda en estas tierras. El único retazo de sortilegio que consiguió sobrevivir a la evolución del hombre.
Sus ojos, tan agrestes y violentos en otro tiempo, ahora solo destilan tristeza y pena por los recuerdos de un conocido pasado.
Su afilada piel, antes protegida por sus terribles colmillos, ahora se hurgue hacia el firmamento estropeado mientras recuerda sus presas capturadas.
Sus garras, antes grandes y afiladas, ahora están desgastadas y ennegrecidas por grande y fuerte cuerpo se ha quedado casi inmovilizado poco a poco, sirviéndole solo para posar molestos insectos.
Solo le queda una triste esperanza. Mira hacia arriba y deja que la luna limpie sus cansados ojos mientras que su corazón lanza una plegaria a los dioses por los hombres olvidados.
Una criatura añeja atrapada en una época que no es la suya, viendo cómo el mundo cambia a cada instante.
Pero su sufrimiento, su pena, rápido llegará a su fin ya que los ancestros se apiadarán de su ser, proveerán fin a esa existencia de penas y premiarán a su fuerza dejándole entrar en sus eternos jardines, donde su cuerpo volverá a ser poderoso y sus cuernos resplandecerán como hace tiempo.

SANTAMARÍA, Eduardo. El último dinosaurio. Cuento.

jueves, 26 de febrero de 2009

EL LOCO -Gibrán Jalil Gibrán-


En el jardín de un hospicio conocí a un joven de rostro pálido y hermoso, allí internado.

Y sentándome junto a él sobre el banco, le pregunté:

-¿Por qué estás aquí?

Me miró asombrado y respondió:

-Es una pregunta inadecuada; sin embargo, contestaré. Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta. Y mis profesores, como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo. Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo.

Enseguida se volvió hacia mí y dijo:

-Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo?

-No, soy un visitante -respondí.

-Oh -añadió él- tú eres uno de los que vive en el hospicio del otro lado de la pared.


GIBRÁN JALIJ, Gibrán. Cuento.

miércoles, 25 de febrero de 2009

CORONA -Paul Celan-



En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.
Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:
regresa el tiempo a la nuez.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
la boca dice la verdad.

Mi ojo asciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos palabras oscuras,
nos amamos como se aman amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en los cuencos,
como el mar en el rayo sangriento de la luna.

Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
tiempo es de que se sepa,
tiempo es de que la piedra pueda florecer,
de que en la inquietud palpite un corazón.
Tiempo es de que sea tiempo.


CELAN, Paul. En Poemas

martes, 24 de febrero de 2009

EL CAZADOR DE TIGRES -David Sánchez Juliao-


Como yo le he dicho, yo soy aficionado a cazar tigres. Las cosas que hace el hambre, ¿verdad? ¡Pero bueno!, cada cual tiene su manera de entretener el estómago, ¿no? Sucede que un día salí de mi casa antes del Sol y me fui a la montaña. A la montaña donde siempre los cazo, porque ahí los hay en abundancia. Amarré mi caballo en un claro de los árboles, no fuera y le fuera a servir de carnada; imagínese: uno con tigre y cuero pero sin caballo. Lejos de ahí, me senté a esperarlo, pero el tigre no vino. Pasó una hora y pasaron dos. Pasó el medio día también, y vino la tarde, pero el tigre no vino con ella. Cansado ya, vi que empezaba a oscurecer. Cuando se hizo tan negro que ni la palma de la mano se veía, caminé por entre los árboles y a tientas encontré mi caballo. Era muy noche cuando emprendía la vuelta a casa. Menos mal que al salir de la montaña y entrar en los caminos, la luna se hizo presente y me alumbró la ruta. En el pueblo, la gente tomaba el aire fresco de la noche recostada a las paredes en los taburetes, y conversaba a la luz de las colinas. No más fue verme pasar frente a las primeras casas, y empezar a correr, a meter los taburetes y las lámparas, y a encerrarse con tranca. Hasta se oía el traque traque de las puertas que se cerraban y de las trancas que caían en las alcayatas. Qué tendré yo, me preguntaba. Qué aspecto habré traído de la montaña. Pero bueno, me dije: como a la gente le hago tan poco caso...el caso es que llegué a mi casa y entré al patio por la puerta del corral. Y mire Usté, hombre: sólo cuando llego al palo de totumo donde siempre amarro el caballo...me doy cuenta de que no venía en mi caballo sino en el tigre.

SÁNCHEZ JULIAO, David El cazador de tigres. En La minificcción en Colombia.