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viernes, 4 de septiembre de 2009

LA BARCA - H. Heine -



¡Carcajadas y canciones!
Los rayos del claro sol
sobre las aguas derraman
su sonriente fulgor:
alegre barca las ondas
mecen con su oscilación;
con mis amigos mejores
sentado en ella voy yo.
Choca la barca, deshecha
en mil trozos por el mar.
Eran malos nadadores
mis amigos, por su mal,
y en las rocas de la patria
se vinieron a estrellar.
A mí a los bordes del Sena
me llevó la tempestad.
Otra vez los mares cruzo
sobre nueva embarcación:
nuevos amigos contemplo
girar a mi alrededor:
de extraños mares me arrulla
la melancólica voz.
¡Qué lejos está mi patria!
¡Qué triste mi corazón!
¡Canción nueva, y nuevas risas!
Silba el viento con afán:
cruje herido el maderamen,
que bate iracundo el mar.
Ya el postrer astro en el cielo
extinguió su claridad.
¡Qué triste que está mi pecho!
¡Qué lejos mi patria está!


HEINE, Heinrich. La barca. Poema.

jueves, 9 de julio de 2009

PEQUEÑA AMÉRICA -Pablo Neruda -


Cuando miro la forma
de América en el mapa,
amor, a ti te veo:
las alturas del cobre en tu cabeza,
tus pechos, trigo y nieve,
tu cintura delgada,
veloces ríos que palpitan, dulces
colinas y praderas
y en el frío del sur tus pies terminan
su geografía de oro duplicado.

Amor, cuando te toco
no sólo han recorrido
mis manos tu delicia,
sino ramas y tierra, frutas y agua,
la primavera que amo,
la luna del desierto, el pecho
de la paloma salvaje,
la suavidad de las piedras gastadas
por las aguas del mar o de los ríos
y la espesura roja
del matorral en donde
la sed y el hambre acechan.
Y así mi patria extensa me recibe,
pequeña América, en tu cuerpo.

Aún más, cuando te veo recostada
veo en tu piel, en tu color de avena,
la nacionalidad de mi cariño.
Porque desde tus hombros
el cortador de caña
de Cuba abrasadora
me mira, lleno de sudor oscuro,
y desde tu garganta
pescadores que tiemblan
en las húmedas casas de la orilla
me cantan su secreto.
Y así a lo largo de tu cuerpo,
pequeña América adorada,
las tierras y los pueblos
interrumpen mis besos
y tu belleza entonces
no sólo enciende el fuego
que arde sin consumirse entre nosotros,
sino que con tu amor me está llamando
y a través de tu vida
me está dando la vida que me falta
y al sabor de tu amor se agrega el barro,
el beso de la tierra que me aguarda.

NERUDA, Pablo. Pequeña América. Poema.

lunes, 29 de junio de 2009

RETORNOS DEL OTOÑO - Rafael Alberti -



Nos dicen: Sed alegres.
Que no escuchen los hombres rodar en vuestros cantos
ni el más leve ruido de una lágrima.
Está bien. Yo quisiera, diariamente lo quiero,
mas hay horas, hay días, hasta meses y años
en que se carga el alma de una justa tristeza
y por tantos motivos que luchan silenciosos
rompe a llorar, abiertas las llaves de los ríos.

Miro el otoño, escucho sus aguas melancólicas
de dobladas umbrías que pronto van a irse.
Me miro a mí, me escucho esta mañana
y perdido ese miedo
que me atenaza a veces hasta dejarme mudo,
me repito: Confiesa
grita valientemente que quisieras morirte.

Di también: Tienes frío.
Di también: Estás solo, aunque otros te acompañen.
¿Qué sería de ti si al cabo no volvieras?
Tus amigos, tu niña, tu mujer, todos esos
que parecen quererte de verdad, ¿qué dirían?

Sonreíd. Sed alegres. Cantad la vida nueva.
Pero yo sin vivirla, ¡cuántas veces la canto!
¡Cuántas veces animo ciegamente a los tristes,
diciéndoles: Sed fuertes, porque vuestra es el alba!

Perdonadme que hoy sienta pena y la diga.
No me culpéis. Ha sido
la vuelta del otoño.


ALBERTI, Rafael. Retornos del otoño. Poema.