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miércoles, 8 de diciembre de 2010

MIEL DE VIDA



El sol resplandece para todos.
Su energía transforma
el espíritu del hombre;
la pulpa sensitiva se estremece
con el calor del diálogo
con la naturaleza, miel de la vida.
El hombre proyecta una imagen aparente,
su realidad se desvanece en la sombra.
El hombre es duro como la piedra,
la piedra insensible hacia el "otro".
El "otro" es el ser del movimiento,
abierto a caminar en compañía.
Y Tu resplandor rompe las ataduras y
las máscaras sombrías asustan al caminante.
Las águilas dan ejemplo de vida,
surcando el firmamento con firmeza,
mostrando el camino de la libertad.
Los pájaros se confunden con el viento,
la inmensidad con su verdad.
El hombre con la triste realidad.
El silencio se prolonga en el silencio,
al escuchar el grito angustiante
del hombre solitario.

Por Luis I. Rodríguez

lunes, 26 de abril de 2010

SOBERBIA



Le pedí un sublime canto que endulzara
mi rudo, monótono y áspero vivir.

Él me dio una alondra de rima encantada...
¡Yo quería mil!

Le pedí un ejemplo del ritmo seguro
con que yo pudiera gobernar mi afán.

Me dio un arroyuelo, murmullo nocturno...
¡Yo quería un mar!

Le pedí una hoguera de ardor nunca extinto,
para que a mis sueños prestase calor.

Me dio una luciérnaga de menguado brillo...
¡Yo quería un sol!

Qué vana es la vida, qué inútil mi impulso,
y el verdor edénico, y el azul Abril...

¡Oh sórdido guía del viaje nocturno!
¡Yo quiero morir!

BARBA JACOB, Porfirio. Soberbia. Poema

viernes, 1 de enero de 2010

UN VIAJE... - microcuento -




Empieza un nuevo amanecer...
La grisácea luz deviene y el trinar de los pájaros despierta al hombre.
El sol proyecta sus rayos esplendorosos. Los animales regocijados salen de sus guaridas.
El hombre está pensando en viajar, en soñar...
Hubo un gran silencio en el recinto del alma.
El hombre está saliendo a la búsqueda de su Isla Desconocida...


Por Luis I. Rodríguez

martes, 15 de diciembre de 2009

UNA GOTA DE ROCÍO



"La vida es la constante
sorpresa de ver que existo."

Rabindranath Tagore


La vida es una gota de rocío

en su pureza al amanecer;

lentamente se desvanece

con el austro y el caluroso sol

camino matutino hacia el mediodía.

Cae en serena lluvia al atardecer,

para fundirse al anochecer con el amor.

La vida extiende sus brazos al germinar

las verdes ramas con la sustancia

creciente de plenitud y perfección.

El rocío da vida a la solícita sed,

el silencio profundiza el accionar

del hombre pensante en la intensidad

de su ser íntimo en proceso de transformación.

La gota de rocío está golpeando la ventana,

despierta la mente y una imagen penetra

e indaga por el valor de la existencia.


Por Luis I. Rodríguez

domingo, 13 de diciembre de 2009

¡LA HEMOS VUELTO A HALLAR!



¡La hemos vuelto a hallar!
¿Qué?, la Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

Alma mía eterna,
cumple tu promesa
pese a la noche solitaria
y al día en fuego.

Pues tú te desprendes
de los asuntos humanos,
¡De los simples impulsos!
Vuelas según..

Nunca la esperanza,
no hay oriente.
Ciencia y paciencia.
El suplicio es seguro.

Ya no hay mañana,
brasas de satén,
vuestro ardor
es el deber.

¡La hemos vuelto a hallar!
-¿Qué?- -La Eternidad.
Es la mar mezclada
con el sol.

RIMBAUD, Arthur. ¡La hemos vuelto a hallar! Poema

lunes, 16 de noviembre de 2009

RAPSODIA DE UNA NOCHE DE VIENTO -T. S. Eliot -

Las doce.
A lo largo de los cauces de la calle
sostenidos en síntesis lunar,
susurrando encantamientos lunares,
se disuelven los suelos de la memoria
y todas sus claras relaciones,
sus divisiones y precisiones,
cada farol que dejo atrás
resuena como un tambor fatalista,
y a través de los espacios de lo oscuro
la medianoche sacude la memoria
como un loco agitando un geranio muerto.
La una y media,
el farol rociaba,
el farol mascullaba,
el farol decía: "Observa a esa mujer
que vacila hacia ti en la luz de la puerta
que se abre hacia ella como una mueca.
Ves que el borde de su vestido
está desgarrado y sucio de arena,
y ves que el rabillo del ojo
se le retuerce como un alfiler torcido".
La memoria arroja y deja en seco
una multitud de cosas retorcidas;
una rama retorcida en la playa,
devorada, lisa, y pulida
como si el mundo rindiera
el secreto de su esqueleto,
rígido y blanco.
Un muelle roto en el solar de una fábrica,
óxido que se agarra a la forma que la fuerza ha dejado
dura y enroscada y dispuesta a dispararse.
Las dos y media.
El farol dijo:
"Observa al gato que se aplana en el arroyo,
saca la lengua furtiva
y devora un bocado de manteca rancia".
Así la mano del niño, automática,
salió furtiva y se embolsó un juguete que corría por el
muelle.
No vi nada tras los ojos de ese niño.
He visto ojos en la calle
tratando de escudriñar a través de postigos con luz,
y un cangrejo una tarde en un charco,
un viejo cangrejo con lapas en la espalda,
agarró el extremo de un palo que le tendí.
Las tres y media,
el farol espurreaba,
el farol mascullaba en lo oscuro.
El farol canturreaba:
"Observa la luna,
la lune ne garde aucune rancune,
guiña un débil ojo,
sonríe a los rincones.
Alisa el pelo de la hierba.
La luna ha perdido la memoria.
Una desvaída viruela le agrieta la cara,
su mano retuerce una rosa de papel,
que huele a polvo y agua de colonia.
Está sola
con todos los viejos olores nocturnos
que cruzan y cruzan por su cerebro".
Viene la reminiscencia
de secos geranios sin sol
y polvo en grietas,
olores de castañas en las calles,
y olores femeninos en cuartos de ventanas cerradas,
y cigarrillos en pasillos
y olores de cócteles en bares.
El farol dijo:
"Las cuatro.
Aquí está el número en la puerta.
¡Memoria!
Tienes la llave,
la lamparilla extiende un círculo en la escalera, sube.
La cama está abierta: el cepillo de dientes cuelga en la pared,
deja los zapatos a la puerta, duerme, prepárate para la vida."
El último retorcimiento del cuchillo.


ELIOT, T. S. Rapsodia de una noche de viento. Poema.

viernes, 4 de septiembre de 2009

LA BARCA - H. Heine -



¡Carcajadas y canciones!
Los rayos del claro sol
sobre las aguas derraman
su sonriente fulgor:
alegre barca las ondas
mecen con su oscilación;
con mis amigos mejores
sentado en ella voy yo.
Choca la barca, deshecha
en mil trozos por el mar.
Eran malos nadadores
mis amigos, por su mal,
y en las rocas de la patria
se vinieron a estrellar.
A mí a los bordes del Sena
me llevó la tempestad.
Otra vez los mares cruzo
sobre nueva embarcación:
nuevos amigos contemplo
girar a mi alrededor:
de extraños mares me arrulla
la melancólica voz.
¡Qué lejos está mi patria!
¡Qué triste mi corazón!
¡Canción nueva, y nuevas risas!
Silba el viento con afán:
cruje herido el maderamen,
que bate iracundo el mar.
Ya el postrer astro en el cielo
extinguió su claridad.
¡Qué triste que está mi pecho!
¡Qué lejos mi patria está!


HEINE, Heinrich. La barca. Poema.

miércoles, 19 de agosto de 2009

MUSGOS - Diego Uribe -


De pocos años ellos, de pocos años ella,
son cuatro, y al mirarlos de cerca se adivina
que en esos rostros pálidos el sol dejó sus huellas,
y en esos pies la punzadora espina.

Treparon de los montes por las tendidas faldas,
salvaron los abismos, rodearon las laderas,
y luego descendieron trayendo a las espaldas
el musgo de los riscos y flores montañeras.

Así miré a los niños con la pesada carga
sobre su espalda débil al declinar el día,
con los harapos húmedos y la sonrisa amarga
parados en la puerta de la floristería.

Detuve el paso: el viento, selváticos aromas
al esparcir me dijo de las tupidas breñas,
de los gigantes árboles, de las tendidas lomas,
de las casitas blancas sobre las altas peñas.

Me dijo de las chozas que oculta la espesura,
de los peligros serios cuando se encrespa el río,
de las tormentas sordas y de la noche oscura,
del viento, de la lluvia, del ábrego, y del frío.

Y me hizo ver el cielo de vastos horizontes,
y bajo un sol radiante que sus fulgores riega,
con los cansados niños que luchan en los montes,
la turba de los niños que entre los parques juega.

Y dije al ver perderse la frágil caravana
en la penumbra vaga del horizonte oscuro:
¡qué lote tan amargo para su edad temprana!
son todavía muy niños para luchar tan duro.

Desde esa tarde, siempre que en la bullente fiesta,
en profusión se mezclan perfumes y colores,
con las vibrantes notas de la sonora orquesta,
y el verde gris del musgo con las pintadas flores.

O en el banquete regio, cuando la risa asoma
y tiñe de topacio las copas el champaña,
penetrante me llega algún aroma y
aislado de musgos de los riscos y flores de montaña.

Oh, vuelvo a ver los niños con la pesada carga
sobre su espalda débil al declinar el día,
con los harapos húmedos y la sonrisa amarga
parados en la puerta de la floristería.

URIBE, Diego. Musgos. Poema.

lunes, 17 de agosto de 2009

AMOR Y VIDA...


Espero estar sintiendo la serenidad
para descubrir el misterio de la vida.
Gritar a viva voz el sentido de mi ser y
enseñar el valor de una gota de rocío...

El pensamiento se estremece en sentimientos.
En el laberinto se esconde un misterio:
la locura sondea al pensador
de la figura pausada e hiperbólica del navegante
que zarpa a la Mar Infinita...

Al mirar el azul grisáceo,
despierta el hombre con robustez y alegría,
un camino en el abismo montañoso
emerge cual hilo centelleante, Luz de la Verdad...

El sol abrasador regocija el cosmos,
sus rayos energizan la vida.

El hombre levanta la mirada al Infinito:
una voz llama en lejanía,
un misterio recorre el cuerpo cual gota fría,
Alguien vino a la dulce compañía...

Una zarza ardiente flota en el horizonte...

Una nave se acerca misteriosa,
una luz radiante despierta al caminante...

¡Oh, El Amor, La Verdad y La Vida!

Por Luis I. Rodríguez

miércoles, 6 de mayo de 2009

EL SOL Y LA NUBE -Gianni Rodari-


El sol viajaba por el cielo, alegre y glorioso sobre su carro de fuego, lanzando sus rayos en todas las direcciones, a pesar de la rabia de una nube de humor de temporal, que rezongaba.

Despilfarrador, mano rota, regala, regala tus rayos, verás cuántos te van a quedar. En los viñedos cada grano de uva que maduraba sobre los sarmientos robaba un rayo al minuto, o también dos; y no había una brizna de hierba, o araña, o flor, o gota de agua, que no se tomase su parte.

Deja, deja que todos te despojen: verás como te lo agradecerán, cuando no tengas nada más para regalarles.

El sol continuaba alegremente su viaje, regalando rayos por millones, por miles de millones, sin contarlos.

Solamente al ocaso contó los rayos que le quedaban: y fíjate, no le faltaba ni siquiera uno. La nube, de la sorpresa, se disolvió en granizo.

El sol se zambulló alegremente tras el horizonte.

RODARI, Gianni. El sol y la nube.