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miércoles, 28 de julio de 2010

GOTAS DE TU AMOR


¡Una gota de rocío refresca mi alma!
El calor abrazador desencadena angustia,
los labios ardientes ansían beber
del tazón de tu cuerpo, el dulce amor.

¡Oh, tu piel bronceada trae los perfumes de vida!
Una copa de vino está cubierto de nostalgia,
se embriagan mil besos en tu sonrisa,
duermen mis sueños en tu manantial.

Las gotas de la noche corren por tus venas,
la lluvia de verano calma tu ansiedad,
una brisa ligera sofoca tu locura corporal,
la tierna figura sonríe al atardecer.

Las románticas noches de verano despiertan
los pensamientos de luna cual rayos hambrientos.
Los cristales de cuarzo pulidos y adornados
recorren tu figura esbelta con ternura.

¡Una gota de rocío refresca mi alma!
Mi alma flamea en el manantial.
Tu sombra sigue vigilante de pasión
entre los diáfanos jardines de Amor.

¡Oh, tu piel bronceada trae los perfumes de vida!
Gotas de la noche, efluvios de amor que
recorren presurosos el aroma de rosales
en el profundo misterio de tu Amor.


Por Luis I. Rodríguez

sábado, 1 de mayo de 2010

OSCURIDAD



Eres un tesoro encantador,
la ilusión fortalecida del caminante.
¿Cómo encontrar sentido a la existencia?
Soy un águila en la montaña negra.
La montaña me abraza y el viento sonríe.
¡El pensamiento se oculta en la caverna!
¡La oscuridad invade la profundidad!

Las sombras parecen tener sentido,
las imágenes proyectadas son los fantasmas
de un mundo sin sentido e inhumano:
tú sonríes al ver la sombra.
¡La oscuridad invade la alegría de tu sonrisa!

El hombre fantasea con su realidad,
lo superficial invade la estructura del pensamiento:
las tinieblas absorben la mirada penetrante
que nutre las raíces de la vida humana.
¡La oscuridad invade la existencia!

La noche esconde su belleza interna,
el viento trae la fuerza del aroma
de una rosa que en raudos torbellinos
llena de pasión el dulzor del trino
del alcaraván encantado en la llanura.
¡La oscuridad muestra su misterio!


Por Luis I. Rodríguez

jueves, 11 de marzo de 2010

EL PRECEPTOR FILÓSOFO



De todas las ciencias que se inculcan a un niño cuando se trabaja en su educación, los misterios del cristianismo, aun siendo sin duda una de las materias mas sublimes de esta educación, no son, sin embargo, las que se introducen con mayor facilidad en su joven espíritu. Persuadir, por ejemplo, a un muchacho de catorce o quince años de que Dios padre y Dios hijo no son sino uno, que el hijo es consustancial a su padre y que el padre lo es al hijo, etc., todo esto, por necesario que sea no obstante para la felicidad de la vida es más difícil de hacer comprender que el álgebra y cuando se quiere tener éxito, uno se ve obligado a emplear ciertas equivalencias físicas, ciertas explicaciones materiales que, por desproporcionadas que sean, facilitan, sin embargo, a un muchacho la compresión de la misteriosa materia.

Nadie estaba tan plenamente convencido de este método como el padre Du Parquet- preceptor del condesito de Nerceuil, que tenía unos quince años de edad y el rostro más hermoso que fuera posible contemplar.

-Padre - decía día tras día el joven conde a su preceptor -, de verdad que la consustancialidad está por encima de mis fuerzas, me es absolutamente imposible que dos personas puedan convertirse en una sóla: aclaradme ese misterio, os lo suplico, o ponedlo al menos a mi alcance.

El virtuoso eclesiástico, deseoso de tener éxito en su educación, contento de poder facilitar a su discípulo todo aquello que un día pudiera hacer de él un hombre de provecho, ideó un procedimiento bastante satisfactorio para allanar las dificultades que hacían cavilar al conde, y este procedimiento, tomado de la naturaleza necesariamente, tenía que resultar bien. Hizo venir a su casa a una jovencita de trece a catorce años y tras asesorarla convenientemente la unió a su joven discípulo.

-Y bien - le pregunta -, amigo mío, ¿entendéis ahora el misterio de la consubstancialidad? ¿Comprendéis ya con menos dificultad que es posible que dos personas se conviertan en una sola?

- Oh, Dios mío, claro que sí, padre responde el encantador energúmeno -; ahora lo entiendo todo con una facilidad sorprendente. No me extraña que ese misterio constituya, según se dice, toda la alegría de los seres celestiales, pues es agradabilísimo divertirse haciendo de dos uno solo.

Algunos días más tarde el joven conde rogó a su preceptor que le diera otra lección, pues pretendía que había aún algo en el misterio que no comprendía bien y que no podría explicarse más que celebrándolo una vez más en la forma en que ya lo había hecho. El complaciente clérigo, a quien esta escena divertía probablemente tanto como a su alumno, hace volver a la muchachita y la lección vuelve a empezar, pero esta vez el clérigo, singularmente emocionado por el delicioso panorama que ofrecía a sus ojos el guapo muchacho de Nerceuil consubstanciándose con su compañera, no pudo resistirse a intervenir en la explicación de la parábola evangélica y las bellezas que con ese motivo recorren sus manos acaban por inflamarle totalmente.

-Me parece que esto va demasiado de prisa - exclama Du Parquet, agarrando al condesito por la cintura -, excesiva elasticidad en los movimientos, por lo que resulta que no siendo tan íntima la conjunción no refleja adecuadamente la imagen del misterio que hay que demostrar aquí... Si nos ponemos, exacto de esta forma prosigue el pícaro, obsequiando a su joven discípulo con lo mismo que éste ofrece a la muchacha.

-­¡Ah Dios mío, ­que me hacéis daño, padre! - exclama el muchacho -. Y además esta ceremonia me parece inútil. ¿Qué otra cosa me enseña sobre el misterio?

-­ Oh, diablos! - contesta el eclesiástico, balbuecando de placer -. ¿Pero no ves, amigo mío, que te lo enseño todo de una vez? Esto es la Trinidad, hijo mio... Hoy te estoy explicando la Trinidad, cinco o seis lecciones más y serás doctor de la Sorbona.

MARQUES DE SADE. El preceptor filósofo.

lunes, 17 de agosto de 2009

AMOR Y VIDA...


Espero estar sintiendo la serenidad
para descubrir el misterio de la vida.
Gritar a viva voz el sentido de mi ser y
enseñar el valor de una gota de rocío...

El pensamiento se estremece en sentimientos.
En el laberinto se esconde un misterio:
la locura sondea al pensador
de la figura pausada e hiperbólica del navegante
que zarpa a la Mar Infinita...

Al mirar el azul grisáceo,
despierta el hombre con robustez y alegría,
un camino en el abismo montañoso
emerge cual hilo centelleante, Luz de la Verdad...

El sol abrasador regocija el cosmos,
sus rayos energizan la vida.

El hombre levanta la mirada al Infinito:
una voz llama en lejanía,
un misterio recorre el cuerpo cual gota fría,
Alguien vino a la dulce compañía...

Una zarza ardiente flota en el horizonte...

Una nave se acerca misteriosa,
una luz radiante despierta al caminante...

¡Oh, El Amor, La Verdad y La Vida!

Por Luis I. Rodríguez

jueves, 25 de junio de 2009

SILENCIO EN LA PENUMBRA -Asunción Gómez Vicos -

Hay silencio en la penumbra,
y el viento está adormecido,
templado y enmudecido,
entre el haz tenue… que alumbra.

Sigilo y prudencia habita
en la noche misteriosa,
reservada y cautelosa,
su coraje… debilita.

¡Misterio en la noche oscura!
¡Valentía… sin derroche!
¡Misterio en la negra noche!
Espesa sombra… conjura.

Espíritu, tú que erras
rebuscas paz y reposo,
hostigado, y en acoso
buscas, quietud en mis tierras.

Las que conceden morada
al alma mortificada,
perseguida y castigada,
afligida y sentenciada.

Respiro eterno te damos
en nuestro valle verdoso,
nuestro blasón caluroso
te enterrará con sus manos.

El ente suspirará…
Para siempre sin castigos,
y lejos ya de enemigos...
Su descanso encontrará.

GÓMEZ VICOS, Asunción. Silencio en la penumbra.

lunes, 23 de marzo de 2009

ES LA SOMBRA DEL AGUA -Jaime Sabines.



tomada de http://www.ua.es/personal/sergio.molina/fotos/cascada1.jpg


Es la sombra del agua
y el eco de un suspiro,
rastro de una mirada,
memoria de una ausencia,
desnudo de mujer detrás de un vidrio.

Está encerrada, muerta -dedo
del corazón, ella es tu anillo-,
distante del misterio,
fácil como un niño.

Gotas de luz llenaron
ojos vacíos,
y un cuerpo de hojas y alas
se fue al rocío.

Tómala con los ojos,
llénala ahora, amor mío.
Es tuya como de nadie,
tuya como el suicidio.

Piedras que hundí en el aire,
maderas que ahogué en el río,
ved mi corazón flotando
sobre su cuerpo sencillo.


SABINES, Jaime. Es la sombra del agua. En Poemas.