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sábado, 1 de mayo de 2010

OSCURIDAD



Eres un tesoro encantador,
la ilusión fortalecida del caminante.
¿Cómo encontrar sentido a la existencia?
Soy un águila en la montaña negra.
La montaña me abraza y el viento sonríe.
¡El pensamiento se oculta en la caverna!
¡La oscuridad invade la profundidad!

Las sombras parecen tener sentido,
las imágenes proyectadas son los fantasmas
de un mundo sin sentido e inhumano:
tú sonríes al ver la sombra.
¡La oscuridad invade la alegría de tu sonrisa!

El hombre fantasea con su realidad,
lo superficial invade la estructura del pensamiento:
las tinieblas absorben la mirada penetrante
que nutre las raíces de la vida humana.
¡La oscuridad invade la existencia!

La noche esconde su belleza interna,
el viento trae la fuerza del aroma
de una rosa que en raudos torbellinos
llena de pasión el dulzor del trino
del alcaraván encantado en la llanura.
¡La oscuridad muestra su misterio!


Por Luis I. Rodríguez

viernes, 2 de octubre de 2009

NOSOTROS...


Navego en el umbral de pensamientos
en presencia de tu ser me entretengo,
el yo posibilita un encuentro vespertino
en el manantial siempre estás tú...

Abro el umbral del sentimiento

alertando la presencia del silencio,
tu sentido maternal infunde confianza
en el trascender de la oscura noche...


Tu sonrisa despierta el frío de la sombra

en el murmullo del yo encantador,
el nosotros nace del encuentro dialogal

desvaneciendo la superficialidad...

Tu reflejo es mi reflejo
en el espejo
del nosotros,
somos lo que somos por nuestra apertura
al desnudar la máscara en el teatro de la vida...


Tú y yo, actores - espectadores

en el teatro del absurdo,

un pensamiento alerta al mundo,

destrucción a la cosificación humana...

El silencio interroga al yo
en la presencia del tú,
asidos de la mano, les da vida

el nosotros al valorar la libertad...


Por Luis I. Rodríguez

miércoles, 23 de septiembre de 2009

EL PUENTE - José Saramago -



Cristales que me separan
del viento fresco de la tarde
en un capullo de silencio
donde los secretos y el aire
son las vigas de un puente
que no paro de tender

El puente se queda en el espacio
aguardando a quien pase
que el motivo de ser puente
si no cesa la construcción
va mucho más del deseo
de estar donde no están

Viene la noche y su recado
su negra naturaleza
la luna quizá no falte
o venga la lluvia de estrellas
basta que el sueño permita
la confianza de verlas

Mañana el nuevo día
si lo merezco y me es dado
del puente un otro pilar
clavado en el fondo del mar
acortará la distancia
que aún queda por andar

Hay siempre un punto de mira
el más común horizonte
donde no llegan los puentes
porque acaba el constructor
antes que el puente se una
donde el destino la lleva

Sobre el vacío del mar
dispara el trozo del puente
va delante la construcción
no pregunten de qué sirve
esta humana terquedad
que sobre el puente se atreve

Abro por fin los cristales
y todo el viento se olvida
ninguna estrella ha caído
ni me ha ayudado la luna
la rojiza madrugada
detrás del puente aparece

SARAMAGO, José. El Puente. Poema.

lunes, 10 de agosto de 2009

LLUVIA SILENCIOSA




La lluvia silenciosa se refleja en mi espejo
y corre presurosa en la límpida piel,
cae misteriosa y sigilosa con la brisa
en los bosques del alma entristecida
como aquella espuma del cristal
decidida a limpiar el interior
de un fugitivo manantial humano que
lamenta el idilio natural en
las rupestres paredes del silencio...
Parece despertar al indefenso y pensativo
en el río caudaloso de la tristeza,
un grito retumba en la noche borrascosa
llamando un pensamiento fugaz,
los pájaros volaron de los árboles,
silenciosos y asustados...
Y el espíritu escucha la voz
del silencio con nubarrones de agonía.
Se pregunta aquel absorto peregrino
de la noche por la luz en la penumbra
y un frío recorre el cuerpo húmedo
del espíritu de la naturaleza
en la vivacidad armoniosa
de la floración de un sentimiento...

La brisa danza un torbellino de ilusión
al vaivén de la serena noche, un manjar de vida...

Por Luis I. Rodríguez

domingo, 26 de julio de 2009

RELÁMPAGO DE AMOR...




En silencio observé una figura resplandeciente...
En la colina estuvo jadeando un pensamiento,
más allá del horizonte visualicé un relámpago
de amor cuyas venas recorrían el firmamento;
mi cuerpo se sintió inseguro y adolorido.
Y aquella energía corría en ráfagas, cuyas preguntas
indagaban por el valor de la existencia
en los espacios ilimitados de una sedienta voz
que clamaba amor, libertad, seguridad
en aquel abismo de inseguridad.
Y el silencio escuchaba los lamentos humanos
en profunda quietud al natural sonoro...
Los rayos abrumaban al humilde soñador.
Y la naturaleza sonreía al ver la tristeza humana,
la impotencia de aquel mendigante
que un día destruyó su ser...
Y los silbidos del viento acariciaban los instantes
en la oscuridad mental de aquella voz pausada
en las estaciones muertas que impedían ver
la esencia radiante de todo ser...
Y la calma subyugó lo eterno en todo
lo espaciotemporal, dando rienda
al encuentro con mis pensamientos,
despertando el silencio del alma
en el aposento del filosófico quehacer...
Y la ráfaga alcanzó mi ser
en la profundidad sonora de aquel
inmenso amor en el silencio de la noche...
Por Luis I. Rodríguez

sábado, 11 de julio de 2009

LA LARVA - Rubén Darío -


Como se hablase de Benvenuto Cellini y alguien sonriera de la afirmación que hace el gran artífice en su Vida, de haber visto una vez una salamandra, Isaac Codomano dijo:

-No sonriáis. Yo os juro que he visto, como os estoy viendo a vosotros, si no una salamandra, una larva o una ampusa.

Os contaré el caso en pocas palabras.

Yo nací en un país en donde, como en casi toda América, se practicaba la hechicería y los brujos se comunicaban con lo invisible. Lo misterioso autóctono no desapareció con la llegada de los conquistadores. Antes bien, en la colonia aumentó, con el catolicismo, el uso de evocar las fuerzas extrañas, el demonismo, el mal de ojo. En la ciudad en que pasé mis primeros años se hablaba, lo recuerdo bien, como de cosa usual, de apariciones diabólicas, de fantasmas y de duendes. En una familia pobre, que habitaba en la vecindad de mi casa, ocurrió, por ejemplo, que el espectro de un coronel peninsular se apareció a un joven y le reveló un tesoro enterrado en el patio. El joven murió de la visita extraordinaria, pero la familia quedó rica, como lo son hoy mismo los descendientes. Aparecióse un obispo a otro obispo, para indicarle un lugar en que se encontraba un documento perdido en los archivos de la catedral. El diablo se llevó a una mujer por una ventana, en cierta casa que tengo bien presente. Mi abuela me aseguró la existencia nocturna y pavorosa de un fraile sin cabeza y de una mano peluda y enorme que se aparecía sola, como una infernal araña. Todo eso lo aprendí de oídas, de niño. Pero lo que yo vi, lo que yo palpé, fue a los quince años; lo que yo vi y palpé del mundo de las sombras y de los arcanos tenebrosos.

En aquella ciudad, semejante a ciertas ciudades españolas de provincias, cerraban todos los vecinos las puertas a las ocho, y a más tardar, a las nueve de la noche. Las calles quedaban solitarias y silenciosas. No se oía más ruido que el de las lechuzas anidadas en los aleros, o el ladrido de los perros en la lejanía de los alrededores.

Quien saliese en busca de un médico, de un sacerdote, o para otra urgencia nocturna, tenía que ir por las calles mal empedradas y llenas de baches, alumbrado a penas por los faroles a petróleo que daban su luz escasa colocados en sendos postes.

Algunas veces se oían ecos de músicas o de cantos. Eran las serenatas a la manera española, las arias y romanzas que decían, acompañadas por la guitarra, ternezas románticas del novio a la novia. Esto variaba desde la guitarra sola y el novio cantor, de pocos posibles, hasta el cuarteto, septuor, y aun orquesta completa y un piano, que tal o cual señorete adinerado hacía soñar bajo las ventanas de la dama de sus deseos.

Yo tenía quince años, una ansia grande de vida y de mundo. Y una de las cosas que más ambicionaba era poder salir a la calle, e ir con la gente de una de esas serenatas. Pero ¿cómo hacerlo?

La tía abuela que me cuidó desde mi niñez, una vez rezado el rosario, tenía cuidado de recorrer toda la casa, cerrar bien todas las puertas, llevarse las llaves y dejarme bien acostado bajo el pabellón de mi cama. Mas un día supe que por la noche había una serenata. Más aún: uno de mis amigos, tan joven como yo, asistiría a la fiesta, cuyos encantos me pintaba con las más tentadoras palabras. Todas las horas que precedieron a la noche las pasé inquieto, no sin pensar y preparar mi plan de evasión. Así, cuando se fueron las visitas de mi tía abuela -entre ellas un cura y dos licenciados- que llegaban a conversar de política o a jugar el tute o al tresillo, y una vez rezada las oraciones y todo el mundo acostado, no pensé sino en poner en práctica mi proyecto de robar una llave a la venerable señora.

Pasadas como tres horas, ello me costó poco pues sabía en dónde dejaba las llaves, y además, dormía como un bienaventurado. Dueño de la que buscaba, y sabiendo a qué puerta correspondía, logré salir a la calle, en momentos en que, a lo lejos, comenzaban a oírse los acordes de violines, flautas y violoncelos. Me consideré un hombre. Guiado por la melodía, llegue pronto al punto donde se daba la serenata. Mientras los músicos tocaban, los concurrentes tomaban cerveza y licores. Luego, un sastre, que hacía de tenorio, entonó primero A la luz de la pálida luna, y luego Recuerdas cuando la aurora... Entro en tanto detalles para que veáis cómo se me ha quedado fijo en la memoria cuanto ocurrió esa noche para mí extraordinaria. De las ventanas de aquella Dulcinea, se resolvió ir a las de otras. Pasamos por la plaza de la Catedral. Y entonces...He dicho que tenía quince años, era en el trópico, en mí despertaban imperiosas todas las ansias de la adolescencia...

Y en la prisión de mi casa, donde no salía sino para ir al colegio, y con aquella vigilancia, y con aquellas costumbres primitivas... Ignoraba, pues, todos los misterios. Así, ¡cuál no sería mi gozo cuando, al pasar por la plaza de la Catedral, tras la serenata, vi, sentada en una acera, arropada en su rebozo, como entregada al sueño, a una mujer! Me detuve.

¿Joven? ¿Vieja? ¿Mendiga? ¿Loca? ¡Qué me importaba! Yo iba en busca de la soñada revelación, de la aventurera anhelada.

Los de la serenata se alejaban.

La claridad de los faroles de la plaza llegaba escasamente. Me acerqué. Hablé; no diré que con palabras dulces, mas con palabras ardientes y urgidas. Como no obtuviese respuesta, me incliné y toqué la espalda de aquella mujer que ni quería contestarme y hacía lo posible por que no viese su rostro. Fui insinuante y altivo. Y cuando ya creía lograda la victoria, aquella figura se volvió hacia mí, descubrió su cara, y ¡oh espanto de los espantos! aquella cara estaba viscosa y deshecha; un ojo colgaba sobre la mejilla huesona y saniosa; llegó a mí como un relente de putrefacción. De la boca horrible salió como una risa ronca; y luego aquella «cosa», haciendo la más macabra de las muecas, produjo un ruido que se podría indicar así:

-¡Kgggggg!...

Con el cabello erizado, di un gran salto, lancé un gran grito. Llamé.

Cuando llegaron algunos de la serenata, la «cosa» había desaparecido.

Os doy mi palabra de honor, concluyó Isaac Codomano, que lo que os he contado es completamente cierto.

RUBÉN DARÍO. La larva. Cuento.

jueves, 2 de julio de 2009

EL AIRE HUELE A HUMO - José Agustín Goytisolo -

A Gabriel Celaya y a Amparo Gastón,
Que tanto le quiso y le quiere todavía.


¿Qué hará con la memoria
de esta noche tan clara
cuando todo termine?
¿Qué hacer si cae la sed
sabiendo que está lejos
la fuente en que bebía?

¿Qué hará de este deseo
de terminar mil veces
por volver a encontrarle?

¿Qué hacer cuando un mal aire
de tristeza la envuelva
igual que un maleficio?

¿Qué hará bajo el otoño
si el aire huele a humo
y a pólvora y a besos?

¿Qué hacer?¿Qué hará? Preguntas
a un azar que ya tiene
las suertes repartidas.

GOYTISOLO, José Agustín. El aire huele a humo. Poema.

jueves, 25 de junio de 2009

SILENCIO EN LA PENUMBRA -Asunción Gómez Vicos -

Hay silencio en la penumbra,
y el viento está adormecido,
templado y enmudecido,
entre el haz tenue… que alumbra.

Sigilo y prudencia habita
en la noche misteriosa,
reservada y cautelosa,
su coraje… debilita.

¡Misterio en la noche oscura!
¡Valentía… sin derroche!
¡Misterio en la negra noche!
Espesa sombra… conjura.

Espíritu, tú que erras
rebuscas paz y reposo,
hostigado, y en acoso
buscas, quietud en mis tierras.

Las que conceden morada
al alma mortificada,
perseguida y castigada,
afligida y sentenciada.

Respiro eterno te damos
en nuestro valle verdoso,
nuestro blasón caluroso
te enterrará con sus manos.

El ente suspirará…
Para siempre sin castigos,
y lejos ya de enemigos...
Su descanso encontrará.

GÓMEZ VICOS, Asunción. Silencio en la penumbra.

lunes, 15 de junio de 2009

UNA NOCHE...




¡Qué noche estrellada y encantada
vive sollozando en mis pensamientos!

¡Qué noche de suaves olores a lunada,
impregna tu huella en mis sentimientos!

Tu presencia calla las vibraciones y emociones,

tu sonrisa se hace la fiel amiga incomparable.

Una voz firme y tierna alienta sin vacilaciones
el valeroso espíritu danzante y entrañable.

En la noche el espíritu se proyecta significante
al reconocer el sentido de la inmensidad.

Una estrella guía al ingenioso principiante

desde la potente luz en la tenebrosa profundidad.

Noche estrellada en el camino pedregoso,

cabellos oscuros en el latente horizonte,
volátiles cual aroma voluptuoso

en el manantial del ilustre itinerante.

¡Oh, si hoy pudiese estrechar tus manos
y suavizar tus labios con los míos!


Por Luis I. Rodríguez

lunes, 8 de junio de 2009

SE JUNTAN DESNUDOS -Jorge Gaitán -


Dos cuerpos que se juntan desnudos
solos en la ciudad donde habitan los astros
inventan sin reposo el deseo.
No se ven cuando se aman, bellos
o atroces arden como dos mundos
que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.
Sólo en la palabra, luna inútil, miramos
cómo nuestros cuerpos son cuando se abrazan,
se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,
estrellas enemigas, imperios que se afrentan.
Se acarician efímeros entre mil soles
que se despedazan, se besan hasta el fondo,
saltan como dos delfines blancos en el día,
pasan como un solo incendio por la noche.

GAITÁN, Jorge. Se juntan unidos.Poema.

viernes, 22 de mayo de 2009

AYER - Mario Benedetti -


Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente.

Ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente.

Ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre
con su huella de espanto y de reproche

fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.

BENEDETTI, Mario. Ayer.

viernes, 1 de mayo de 2009

EL MAR NO ES MÁS QUE UN POZO -Idea Vilariño-


El mar no es más que un pozo de agua oscura,
los astros sólo son barro que brilla,
el amor, sueño, glándulas, locura,
la noche no es azul, es amarilla.

Los astros sólo son barro que brilla,
el mar no es más que un pozo de agua amarga,
la noche no es azul, es amarilla,
la noche no es profunda, es fría y larga.

El mar no es más que un pozo de agua amarga,
a pesar de los versos de los hombres,
el mar no es más que un pozo de agua oscura.

La noche no es profunda, es fría y larga;
a pesar de los versos de los hombres,
el amor, sueño, glándulas, locura.

VILARIÑO, Idea. El mar no es más que un pozo. Poema.