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domingo, 20 de septiembre de 2009

AMISTAD...



Eres el astro de la vida sonriente,
luz viva en la oscuridad viviente,
abres la puerta del edificio personal
en el horizonte humano al natural.

Abres tu corazón a las ilusiones,
cierres la nueva puerta a las cicatrices,
la verdadera amistad es el sol naciente
en el sendero de la montaña en el oriente.

Caminas de frente y sin sobresaltos
con la fuerza de la rosa sin espantos,
la mano se extiende en el abismo
para rescatar la vida con optimismo.

Tu amistad nace serena como el sol,
construyendo edificios en el tornasol,
una sonrisa clama una tierna mirada
en el pensamiento alegre de una balada.

Tu amistad brilla cual ráfaga viviente
en la penumbra del medio ambiente,
una antorcha se enciende en el horizonte
como un pensamiento de amor resplandeciente.

&
Tu pensamiento es la luz del sol,
tu amistad es un encuentro de amor...

Por Luis I. Rodríguez

domingo, 26 de julio de 2009

RELÁMPAGO DE AMOR...




En silencio observé una figura resplandeciente...
En la colina estuvo jadeando un pensamiento,
más allá del horizonte visualicé un relámpago
de amor cuyas venas recorrían el firmamento;
mi cuerpo se sintió inseguro y adolorido.
Y aquella energía corría en ráfagas, cuyas preguntas
indagaban por el valor de la existencia
en los espacios ilimitados de una sedienta voz
que clamaba amor, libertad, seguridad
en aquel abismo de inseguridad.
Y el silencio escuchaba los lamentos humanos
en profunda quietud al natural sonoro...
Los rayos abrumaban al humilde soñador.
Y la naturaleza sonreía al ver la tristeza humana,
la impotencia de aquel mendigante
que un día destruyó su ser...
Y los silbidos del viento acariciaban los instantes
en la oscuridad mental de aquella voz pausada
en las estaciones muertas que impedían ver
la esencia radiante de todo ser...
Y la calma subyugó lo eterno en todo
lo espaciotemporal, dando rienda
al encuentro con mis pensamientos,
despertando el silencio del alma
en el aposento del filosófico quehacer...
Y la ráfaga alcanzó mi ser
en la profundidad sonora de aquel
inmenso amor en el silencio de la noche...
Por Luis I. Rodríguez