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jueves, 7 de marzo de 2013

WHEN IT SAYS ... Woman



When it says... Woman
It is to look for meaning to life;
When it says... Woman
It is to look at the dear mother.
When it says... Woman
It is to cut a rose in his day;
When it says... Woman
It is sheltering her with kisses of syrup.
When it says... Woman
It is Word dressed aroma;
When it says... Woman
It is the joy of who falls in love with her.
When it says... Woman
She is the girl of fifteen in his Waltz;
When it says... Woman
She is the girlfriend of white to the altar.
When it says... Woman
It is the grandmother rocking the cradle;
When it says... Woman
It is a song of love and tenderness.
When it says... Woman
It is warmth, sweetness;
When it says... Woman

&

Cuando se dice ... Mujer
es buscarle sentido a la vida;
Cuando se dice ... Mujer
es mirar a la madre querida.

Cuando se dice ... Mujer
es cortar una rosa en su día;
Cuando se dice ... Mujer
es cobijarla con besos de almíbar.

Cuando se dice ... Mujer
es palabra vestida de aroma;
Cuando se dice ... Mujer
es la dicha de quien la enamora.

Cuando se dice ... Mujer
es la niña de quince en su vals;
Cuando se dice ... Mujer
es la novia de blanco al altar.

Cuando se dice ... Mujer
es la abuela meciendo la cuna;
Cuando se dice ... Mujer
es un canto de amor y ternura.

Cuando se dice ... Mujer
es calor del hogar, es dulzura;
Cuando se dice ... Mujer
es el nido de vida futura.

Cuando se dice ... Mujer
es la reina, modelo, la diva;
Cuando se dice ... Mujer
es la palabra que al hombre cautiva.

Cuando se dice ... Mujer
es en mayo el Ave María;
Cuando se dice ... Mujer
es mi madre de toda la vida.


Por W. Garogui

sábado, 16 de enero de 2010

EL VIEJO ARMARIO -cuento-



Fue una noche de verano. La luna clareaba en el firmamento. Estaba soñando. En realidad, no lo sé.

Alguien golpeó a la puerta; los perros -amigos fieles y sinceros - ladraron. Estaban calmados, como si conocieran al visitante. Lo acompañaron y jugaron un instante.

Abrí la puerta. ¡Oh sorpresa! Un saludo cariñoso recibí del carpintero de la comarca. Él había escuchado un comentario que en casa se solicitaba a alguien para reparar un viejo armario.

El viejo armario de cedro perteneció a dos generaciones y necesitaba una reparación, probablemente un cambio de entre paños, una limpieza o lijada de los cajones. Los inquietos bisabuelos y abuelos habrían guardado en él sus escritos, sus misterios, sus encantos. ¡Qué sé yo!

El carpintero comenzó a reparar el armario. La delicadeza con la que trataba la madera me asombró. Cada pieza era una hoja misteriosa que guardaba recuerdos. La pieza traía su sustancia, una pregunta, una ensoñación.

La remodelación exigió mucha concentración y seguridad. Con ello, él no quiso perder la línea. El trato fue especial. El amor a su trabajo me inquietó. Sin embargo, no quise interrumpir su labor.

El viejo armario le dio ciertos problemas. Las piezas parecían no encajar ahora. Con serenidad, José calculó el puesto de las partes. Lo armó mentalmente. Se dijo a sí mismo, está hecho. Se sentó en silencio. Descansó.

Una ligera brisa entró por la ventana. Los perros ladraron como si alguien hubiese llamado a la puerta.

José recogía sus utensilios. El armario yacía intacto en su nicho. De repente, una hoja se abrió y un cajón salía lentamente.

Un frío recorrió el ambiente. Mis piernas temblaban y de mi garganta no brotó ni un lamento, ni un grito.

El cajón regresó a su puesto y la hoja se cerró bruscamente.

Escuché a alguien salir de la casa. Me moví estrepitosamente, pero no podía seguir sus pasos.

Pedí auxilio a José. Pronto, él estaba a mi lado. Parecía sonreír. Tocaba con sus manos el armario. Lo acariciaba con ternura como si fuese una joya encantada. Sentí curiosidad y traté de preguntar acerca de lo visto.

"Oh, ese viejo armario me pertenecía", contestó José.

Quedé anonadado. No pude pronunciar palabra. Mi angustia siguió hasta la madrugada. Escuché el aullido de un perro.

José salió por la puerta. No le vi abrir la puerta. Todo estaba en silencio.

Desperté asustado y tembloroso. Un sudor frío y penetrante corría por mi cuerpo. Comenzó a amanecer...

Por Luis I. Rodríguez

jueves, 31 de diciembre de 2009

GRACIAS...



Gracias...
Un pensamiento extiende sus alas de libertad.
Un sentimiento proyecta su razón de ser,
el sueño se hace realidad en el camino
sereno hacia la Montaña en el pensar.

Gracias...
La palabra encuentra eco de sentidos
en una poesía, un cuento o un pensamiento.
La palabra fluye como el río en el mundo
generando nuevas construcciones de ilusión.

Gracias...
El poeta ayuda a descubrir el sentido existencial,
a descubrir en nosotros el goce natural,
a engrandecer el valor de nuestra intimidad
a la luz de contemplar la inmensidad.

Gracias...
Por entender la belleza de lo que somos,
la intimidad se esclarece en el trascender,
una luz guía al caminante en el peligroso
camino hacia el jardín de la Montaña.

Gracias...
El niño busca la luz en la Montaña,
el caminante está inquieto por las preguntas.
El niño exige respuestas lógicas,
el caminante narra un cuento de Ilusión.

Gracias...
¡Dichoso el niño que posee sus soledades!
¡Dichoso el caminante que encuentra el camino!
¡Dicho el lector que encuentra una ilusión!
¡Dichoso el hombre que vive en Libertad!

Por Luis I. Rodríguez

domingo, 2 de agosto de 2009

VIBRACIÓN...



Mis sentimientos
abren la puerta de tu ser.

Mis pensamientos
fortalecen tu espíritu,

Mis palabras
calman tu ser de amor.

Mis manos
descubren el imán de tu cuerpo.

Mi cuerpo
se funde con el tuyo en el infinito.

Mi poesía
es filosofía de vida...

Por Luis I. Rodríguez

sábado, 1 de agosto de 2009

LA POESÍA ES LA VIVENCIA DEL ALMA


“La Poesía es el camino de la vida

en el apremiante trascender”.


La ‘palabra’ es la magia de la Poesía. La vida del hombre está llena de creación e ingenio. Ella es el crecimiento de ‘sentidos’ en el fundamento del existir. La Poesía es vida y se hace vida en el contexto individual y colectivo. Ella guarda en su intimidad la musicalidad de la naturaleza y la entonación vibradora del pensar cotidiano.

La Poesía es la oscilación y la proyección del no - ser en el ser, del sin sentido en el sentido, de lo inhumano en lo humano... Cada verso es la vibración del alma que lucha por el sendero obscuro que acompaña al solitario caminante en la búsqueda del Supremo Ser.

Por la Poesía asistimos a la sublime expresión de la ‘utopía’. ¡Quién no piensa ‘utopías’! Vivimos acompañados y guiados por el pensamiento poético de Fernando Pessoa. Por eso, la invitación proyecta la imagen de “Para ser grande, sé entero”:

“Para ser grande, sé entero: nada

tuyo exageres o excluyas.

Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres

en todo lo mínimo que hagas.

así la luna entera en cada lago

brilla, porque alta vive”.

La Poesía es el camino de la utopía en la construcción de un discurso cifrado y profundo en la significación temática. Por eso, ella es el encanto del sentimiento que en la intimidad posibilita la placidez del pensamiento en liberación interior. Aprender a pensar es un trabajo cotidiano que toda mente despierta realiza en consonancia con la madre naturaleza.

Somos un ‘disfraz’ que genera sonrisas, tristezas, aventuras, sueños profundos. En fin, Fernando Pessoa maneja al dócil principiante cuando afirma que

“El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente.

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

Y así en la vía se mete,

distrayendo a la razón,

y gira, el tren de juguete

que se llama corazón”.


Es decir, la Poesía es Autopsicografía.

Las ideas afloran al tenor de un ilustre pensador que quiere cambiar el letargo en un juego de palabras en el laberinto de la vida. El disfraz humano comienza a pensar en el tiempo acerca de sí mismo, haciendo realidad el camino en el sentir de la palabra”.

La experiencia poética es producto del misterio, del asombro y extrañeza, de la curiosidad y del sentimiento profundo al contemplar el “mundo de la vida”. La poesía es la revelación que se sustenta en sí misma. El poeta – el principiante – expresa la creación con sentimiento en donde la palabra recobra su ser, su estado original.

El poeta purifica el lenguaje y devuelve la naturaleza original a la palabra. La poesía se vive y siente, se palpa. Es la expresión del yo reflejada en el rostro de la naturaleza. La Poesía es el estado rítmico del pensamiento – dice F. Pessoa – que con la musicalidad naturalista indaga por el misterio de sí mismo y del “otro” a través de sencillas y vibrantes opiniones que traducen la profundidad del ser. A través de la poesía el principiante comienza a existir y aprende a florecer en pensamiento con la significación trascendente. Por eso, pensar es comenzar a ser.

Finalmente, reflexionemos en el texto de Octavio Paz cuando afirma que “la poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Es la operación capaz de cambiar el mundo; la actividad poética es revolucionaria por excelencia; ejercicio espiritual y es liberación interior. La poesía revela este mundo, crea otro”.

Por Luis I. Rodríguez

martes, 14 de julio de 2009

EL SINO MISTERIOSO





Un poema de amor
hace sentir y vibrar el silencio del alma
en la voz clamorosa de la conciencia
angustiada y pensativa por la soledad.

Una palabra gime y pide a gritos
andar, volar hacia la majestuosa cima,
expresión de libertad y luz de vida,
batalladora pluma frente a la soledad.

El sino misterioso abraza
temeroso el vacío humano,
una palabra emerge del propio encanto,
del clamor astuto de la sedienta musa.

La fuerza impetuosa y radiante
surge del interior,
un pensamiento amoroso
cuestiona el quehacer del solitario ser.

La danza del luchador en el silencio
desborda en encuentro matutino,
la risa solidaria transforma el espíritu
del andariego participante de la imaginación.

El sol acaricia la frívola tez
del soñador que escucha
la viva voz del inocente niño,
rueda viviente del sonreír.

Somos eternos vagabundos
que miramos con extrañeza
el sentido del amor y la esperanza
en el juego del soñar en sí mismo.

&

El amor, la esperanza, la libertad...
caminos encantados para despertar...

Por Luis I. Rodríguez

miércoles, 8 de julio de 2009

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO - Gabriel Celaya -




Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

CELAYA, Gabriel. La poesia es un arma cargada de futuro. Poema.

viernes, 26 de junio de 2009

CRISTAL - Paul Celan -


No busques en mis labios tu boca,

ni en la puerta al extraño,
ni en el ojo la lágrima.
Siete noches más arriba
pasa el rojo hacia el púrpura,
siete corazones más adentro
insiste la mano en la puerta,
siete rosas más tarde
se escucha el rumor de la cisterna.

De noche, cuando el péndulo del amor
oscila entre el siempre y el nunca jamás,
tu palabra derriba las lunas del corazón
y tu ojo azul -borrascoso-
le entrega el cielo a la tierra.
Desde una lejana arboleda
oscurecida por el sueño
llega hasta nosotros el aliento
y lo que perdimos transita inmenso
como un espectro del futuro.
Lo que ahora se hunde y se levanta
quiere lo sepultado en la entraña:
ciego como la mirada que cambiamos,
el tiempo lo besa en la boca.

CELAN, Paul. Cristal. Poema.

miércoles, 10 de junio de 2009

LA LITERATURA, UN CAMINO ABIERTO


“El que no quiere nada,
ni espera nada,
ni tiene nada,
no puede ser artista”.

Anton Chejov


La Literatura en su contexto busca encantar al hombre y prepararlo a la búsqueda del camino hacia el poema sinfónico, cuya tonalidad transmite significados a través de un texto. El conjunto de ideas al fluir en el entramado, proyecta una imagen que engrandece al espíritu y lo hace vivenciar el proceso histórico. La Literatura es la vida del espíritu que rompe la superficialidad cotidiana.

En la totalidad hay armonía, comprensión, sonoridad. De ahí que, la naturaleza maternal acaricia y extiende la mano a la evocación de la intimidad, a la creatividad. Una idea es la realización potencial del todo en su aventura cósmica por desarrollarse. La naturaleza es aquella madre amante de la sabiduría, amante de soñadores y encantadores a la luz de la palabra.

La Literatura es el campo abierto que ilumina cual tea a un “principiante” en el amanecer próximo de las palabras. El cultivo cotidiano comienza con la preparación del terreno textual. El terreno se torna pedregoso, al no trazar un derrotero o un camino ideal para arrancar las malezas u obstáculos que impiden el crecimiento y el desarrollo de la palabra en la producción literaria.

Al florecer el texto, comienza la emanación de nuevas situaciones análogas y paradójicas. Aquí, las palabras no son vacías en significación, sino que en ardorosa marcha triunfal germinan cual planta en átomos de vida cognitiva. El fruto de la “palabra” es la misma “palabra con sentido”. Por eso, la palabra es el fruto que hace reír, soñar, embellecer, laborar, inteligir, investigar, creer, conocer, cultivar...

La Literatura es el agua de vida en la palabra. El escritor – el principiante – es el mago de la palabra. En el teatro vivencial es el encargado de maravillar, encantar y asombrar al espectador con tan gran “don”. Es como aquel jugador de ajedrez que en franca lid posibilita el éxito de la palabra. Por eso, en esa escenificación, los personajes se tornan reales o ideales en el camino de la felicidad.

La Literatura es el sendero de la imaginación perenne que en constante reflexión llega “a una razón” lógica y a vislumbrar una simbología. Como campo de reflexión presento un texto de Arthur Rimbaud, titulado:

A una razón

“Un golpe de tu dedo sobre el tambor
descarga todos los sonidos
y da comienzo a la nueva armonía.
Un paso tuyo es el alzamiento de los nuevos hombres
y su puesta en marcha.
¡Tu cabeza se aparta: el nuevo amor!
¡Tu cabeza se vuelve: el nuevo amor!
“Cambia nuestras suertes, acribilla las plagas,
comenzando por el tiempo”, te cantan esos niños.
“Eleva hasta donde sea la sustancia de nuestras fortunas
y de nuestros deseos”, te ruega.
Llegada desde siempre, te irás por todas partes”.

La Literatura es el camino constante que genera “cultura”. Para quienes se van y para los luchadores del éxito, la Literatura es la sabia que recorre las venas del cosmos en la búsqueda de “alguien” que posibilite un “quehacer vivencial”.

La Literatura es la máquina viajera y transformadora de insignes ilusiones humanas en la búsqueda de sí mismo. Es aquella lluvia que riega el espíritu con un sinfín de contextos. La invitación está en identificar el contenido y transmitirlo a generaciones futuras. Por eso, “el partir es un dejar de ser para comenzar a ser”. Salgamos al encuentro de la palabra, expresada en la Literatura a través de la lectura.

El camino está cercano, exaltando el laberinto de la vida. Por eso, Arturo Roa Bastos dice que “... La tarea del lector es hacer que el texto no escrito se escriba en su interioridad, se proyecte en la pantalla de su intimidad, en la cámara oscura de sus sentimientos, ideas, obsesiones, recuerdos, olvidos”.

Por Luis I. Rodríguez

martes, 9 de junio de 2009

CASTILLOS DE ARENA - Gioconda Belli -




Por qué no me dijiste que estabas construyendo
ese castillo de arena?

Hubiera sido tan hermoso
poder entrar por su pequeña puerta,
recorrer sus salados corredores,
esperarte en los cuadros de conchas,
hablándote desde el balcón
con la boca llena de espuma blanca y transparente
como mis palabras,
esas palabras livianas que te digo,
que no tienen mas que el peso
del aire entre mis dientes.

Es tan hermoso contemplar el mar.

Hubiera sido tan hermoso el mar
desde nuestro castillo de arena,
relamiendo el tiempo
con la ternura
honda y profunda del agua,
divagando sobre las historias que nos contaban
cuando, niños, éramos un solo poro
abierto a la naturaleza.

Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena
en la marea alta.

Se ha llevado las torres,
los fosos,
la puertecita por donde hubiéramos pasado
en la marea baja,
cuando la realidad esta lejos
y hay castillos de arena
sobre la playa...

BELLI, Gioconda. Castillos de arena. Poema.

lunes, 8 de junio de 2009

SE JUNTAN DESNUDOS -Jorge Gaitán -


Dos cuerpos que se juntan desnudos
solos en la ciudad donde habitan los astros
inventan sin reposo el deseo.
No se ven cuando se aman, bellos
o atroces arden como dos mundos
que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.
Sólo en la palabra, luna inútil, miramos
cómo nuestros cuerpos son cuando se abrazan,
se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,
estrellas enemigas, imperios que se afrentan.
Se acarician efímeros entre mil soles
que se despedazan, se besan hasta el fondo,
saltan como dos delfines blancos en el día,
pasan como un solo incendio por la noche.

GAITÁN, Jorge. Se juntan unidos.Poema.

lunes, 1 de junio de 2009

EL ESPEJO QUE HUYE - Giovanni Papini -


Una imposible mañana de invierno, en una estación muy conocida, un hombre que no conozco -de sobretodo, con dos violetas en el ojal- quería demostrarme que los hombres son felices, que la vida es grande, que el mundo es hermoso. Yo lo escuchaba con interés, sacudiendo a cada momento la ceniza de mi cigarrillo que el viento consumía sin que nunca lo llevara a la boca. Lo escuchaba sonriendo y el hombre que no conozco se acaloraba cada vez más y del humor pasaba al sentimiento, al entusiasmo y al delirio. La fuga de sus palabras rápidas, fluyentes, firmes, como si hubieran sido fundidas en ese instante, acuñadas de nuevo en algún sitio hacía poco tiempo, me llenaba de una ebriedad muy similar a la que provoca la champaña. Algo picante y saltarín, un deseo de abrazar y de llorar, de danzar, de reír de improviso...

En cierto momento su voz me dijo:

-Medite, señor, medite en la grandeza del progreso que se desarrolla bajo nuestros ojos; en el progreso que lleva a los hombres desde el pasado hasta el futuro, desde lo que ya no es más hasta lo que todavía no es, de lo que se recuerda a lo que se espera. Los salvajes no prevén el futuro, no piensan en el porvenir; no prevén ni proveen. Pero nosotros, hombres civilizados, hombres nuevos, vivimos para el futuro y a merced del futuro. Nuestra vida entera se tiende hacia lo que debe venir, está construida en previsión de lo que ocurrirá. Nuestros hombres consagran el presente al mañana (siempre, porque todo presente pasa al mañana que pasará), respetuosa y valerosamente.

“Este enorme progreso del espíritu profético es lo que hace desvanecer los peligros, lo que pone en nuestras manos las fuerzas, lo que hace descubrir nuevas posibilidades, lo que nos vuelve dueños de la tierra, del mar y del cielo y de una cosa que vale más que todo eso, oh señor: ¡de nosotros mismos!”

Pero en ese momento un tren expreso llegó a la estación. Su estruendo solemne en el cruce de las vías, su breve silbato, decidido, irritado, interrumpieron el discurso del Hombre que no conozco. Cuando el tren se calmó y no se oyeron más que sordos bufidos de la locomotora y los viajeros escaparon, el Hombre quiso todavía continuar pero yo me anticipé:

-Señor Hombre -le dije-, este tren que acaba de llegar, ¿no le ha sugerido nada que se relacione con nuestra circunstancia? ¿No ha entendido su respuesta? ¿Quiere que se la repita yo, humilde traductor, ya que puedo traducir el idioma de los trenes y de muchas otras cosas? Hasta hace pocos minutos este tren corría a una velocidad media de ochenta kilómetros por hora, pequeño mundo apiñado e iluminado a través del campo solitario y neblinoso. Y he aquí que de pronto se detiene y los habitantes de esta pequeña ciudad en fuga han desaparecido y el maquinista se seca la frente con aire poco satisfecho. Las ruedas se han detenido perezosamente sobre los rieles y los vagones vacíos y oscuros añoran las charlas de los pasajeros y las valijas multicolores. Así termina una fuga cuando se viaja sobre rieles. Pero dejemos el tren y volvamos a los hombres. En este momento se me ocurre algo absurdo y se lo digo a usted, señor Hombre, y lo digo porque no hay aquí multitudes que puedan escucharme. Si estuvieran aquí todos los que yo deseo, les diría:

“Imaginen, humanos, una cosa imposible, absurda, loca, increíble y espantosa. Imaginen que todo el mundo se detuviese de improviso, en un instante dado, y que todas las cosas permanecieran en el sitio en que estaban y que todos los hombres se volvieran inmóviles, como estatuas, en la actitud en que estaban en ese instante, en la acción que se hallaban ejecutando... Si esto ocurriera y si a pesar de todo ello continuara todavía funcionando en los hombres el pensamiento, y pudieran recordar y juzgar lo que hicieron y lo que estaban haciendo, y pudieran examinar todo lo que realizaron desde su nacimiento y meditar en lo que deseaban realizar antes de morir, ¡imagínense cuánta desesperación ardería bajo el trágico silencio de ese mundo detenido de improviso!

“No sé si tendrán el valor de escuchar lo horrible que sería. Esfuércense por unos instantes en ver a todos estos hombres inmovilizados mientras se hallaban dedicados a su tarea, anhelantes detrás de sus sueños, instigados por sus sucias pasiones, rudamente empujados por sus deseos. Véanlos esparcidos por el mundo, como suspendidos por una catástrofe que los trasmutara en fantoches pensantes, en estatuas desesperadas. Véanlos en las más repugnantes posiciones y en las más ridículas, en las más cansadoras y en las más estúpidas. He aquí al hombre sorprendido en medio de un pesado sueño con la boca semiabierta como un cadáver borracho; al hombre en el acto amoroso, extendido como una bestia jadeante sobre la mujer de párpados cerrados; al hombre que robaba en las tinieblas con falsa mirada y la lámpara que nunca más se apagará; al juez vestido de negro que dispensa el infierno y la sangre desde su alto sitial; al miserable que se arrastra por el fango de la ciudad buscando un hueso y una moneda; a la mujer que sonríe lascivamente con su rostro empolvado, en postura insinuante; al mercader de manos huesudas que gesticula para lograr diez centavos más; al campesino afanado con la aguijada en la mano tendida hacia los inmóviles bueyes; al elegante orador detenido en medio de una sonrisa y de un cumplido; al soldado que se hallaba con la bayoneta calada ante una puerta cerrada, y al homicida que preparaba sus venenos en una buhardilla, y al obrero soñoliento curvado sobre las enormes máquinas grasientas, inmóviles y siniestras, y al científico que no puede separar el ojo cansado del microscopio donde han interrumpido su danza los monstruos invisibles... “Imaginen ahora, si sus ánimos resisten, pensamientos de todos estos hombres condenados en un mismo instante ante la conciencia de su muerte. ¿Creen ustedes que habrá un solo hombre -uno solo, ¿entienden?-, uno solo que esté contento y satisfecho de ese momento en que el destino lo ha vuelto inmóvil? ¿Creen que para uno solo de estos hombres sería ése el momento de Fausto, el momento hermoso que querríamos detener, fijar y conservar para la eternidad? ¡Ustedes no creen realmente esto, no pueden creerlo!

“El señor Hombre -usted, aquí presente, delante de mí- ha dicho una gran y tremenda verdad. Los hombres piensan en el futuro, viven para el futuro, consagran perpetuamente sus días actuales a los mañanas venideros. Todo hombre no vive más que para aquello que prevé, aguarda y espera. Toda su vida está hecha de manera que cada instante tiene valor para él solamente en cuanto él sabe que ese instante prepara un instante sucesivo, cada hora una hora que vendrá, cada día un día que seguirá. Toda su vida está hecha de sueños, de ideales, de proyectos, de expectativas; todo su presente está hecho de pensamientos en torno a su futuro. Todo lo que es, lo que está presente, nos parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nosotros nos consolamos solamente pensando que todo este presente no es sino un prólogo, un largo y aburrido prólogo, a la hermosa novela del porvenir. Todos los hombres, lo sepan o no, viven gracias a esta fe. Si de pronto se les dijese que dentro de una hora todos morirán, todo lo que hacen y lo que hicieron no tendría para ellos ningún placer ni sabor ni valor algunos. Sin el espejo del futuro la realidad actual parecería torpe, sucia, insignificante. Sin el mañana que permite esperar los desquites, las victorias, las ascensiones, las promociones y los aumentos, las conquistas y los olvidos, los hombres no consentirían más en seguir viviendo. Sin el lejano perfume del mañana no querrían comer el negro pan del hoy.

“Piensen, pues, en estos hombres detenidos de pronto, que no pueden actuar más pero que todavía piensan. Imaginen a estos hombres prisioneros de un eterno hoy, sin la liberación de la conciencia. ¿Qué pensarán estos hombres? ¡Qué dolor atroz debe roer sus vísceras y amputar sus nervios! Inmóviles en sus posiciones vergonzosas y delictivas, tristes e idiotas, sin posibilidades de esperanza, sin luz de sueños, sin dulzura de proyectos, con las alas tronchadas, las piernas atadas, las manos encadenadas, como una enorme multitud de prisioneros al estilo de Miguel Ángel, reducidos a las ataduras de sus vidas mezquinas, melancólicas, repugnantes; ataduras de esa vida que soportaban solamente con la esperanza y la expectativa de vidas más bellas y más grandes: ellos, esos condenados a la perpetua inacción, reconocerán con infinita rabia la absurda estupidez de su vida anterior. Pensarán que todo el presente era sacrificado por ellos en pos de un futuro, que a su vez se volvería presente y sería sacrificado a su vez por otro futuro y así hasta el último presente, hasta la muerte. Todo el valor del hoy estaba en el mañana y el mañana valía solamente por otro mañana y así llegaba el último hoy, el hoy definitivo, y así la vida entera había transcurrido para preparar de día en día, de hora en hora, de momento en momento lo que no llega nunca. Y ellos descubrirán esta tremenda cosa: que el futuro no existe como futuro, que el futuro no es más que una creación y una parte del presente, y que soportar la vida inquieta, la vida triste, la vida doliente por este futuro que de día en día huye y se aleja es la más dolorosa necedad de esta estúpida vida.

“Humanos, nosotros perdemos la vida por la muerte; consumimos lo real por lo imaginario, valoramos los días sólo porque nos conducen a días que no tendrán otro valor que el de traernos otros días idénticos a ellos... ¡Humanos: toda la vida es un fraude atroz que ustedes mismos traman para el daño propio, y solamente los demonios pueden reír fríamente de la carrera de ustedes hacia el espejo que huye!”

Un nuevo expreso, pitando y tronando, entró en la estación, y una vez más los viajeros huyeron y el maquinista se enjugó la frente con aire poco satisfecho. El Hombre que no conozco estaba siempre ante mí -de sobretodo, con dos violetas en el ojal-, aunque lo hubiese olvidado del todo.

-He aquí -le dije- mis ideas sobre el progreso, sobre el porvenir y sobre la vida. Ciertamente, usted no está de acuerdo conmigo pero yo estoy de acuerdo con alguien; por ejemplo, con la niebla que a menudo intenta cubrir el mundo y esconder el hombre al hombre, la miseria al desprecio, la fealdad a la melancolía. Y yo amo muchísimo, señor Hombre, los trenes que se detienen tras las inútiles fugas y la niebla que vela lo que no se puede destruir.

El hombre que no conozco se había vuelto nervioso y todo su entusiasmo había desaparecido como un hilo de humo. En vez de responder, se quitó del ojal una de sus violetas y me la ofreció. Yo la tomé con una inclinación, la acerqué a la nariz y su leve perfume me gustó.

PAPINI, Giovanni. El espejo que huye. Cuento.

lunes, 4 de mayo de 2009

UN OLVIDO..



Una palabra revela un sentimiento de ensoñación.
Una palabra proyecta el reflejo de tu triste mirada.
una palabra revoluciona el corazón solitario,
una palabra calla el inmenso amor en un triste lamento.

Esa palabra proyectaba el amor en profundo desvelo.
esa palabra estalló la armonía llena de silencio,
esa palabra era más violenta que el tornado.
Esa palabra fue un amor ya casi muerto.

Con una palabra, ella me besaba.
Con una palabra y con sólo una, más la amaba.
con una palabra, ella mi muerte evitaba,
con una palabra… ella me olvidaba.

Por Luis I. Rodríguez

jueves, 23 de abril de 2009

LA LITERATURA ES UNA AVENTURA







“Con facilidad se piensa y se acomete una empresa;
pero con dificultad las más de las veces se sale de ella”.
Miguel de Cervantes


La Literatura es el camino que guía al hombre a la conquista del saber y del cosmos. El tránsito está lleno de abrojos, de valles y montañas. El campo literario es el principio y el fin del edificio cultural. La estructura del edificio literario ahonda en aquel terreno pantanoso y lleno de abrojos para pulir el temperamento indómito de un personaje atípico e intocable por el manto de la palabra. ¡Cuántos desean ser simples espectadores! ¡Cuántas teas querrán encenderse! ¡Cuántos desean ser llamados a seguir los pasos de ilustres literatos! ¡Cuántos reniegan por el abuso de la tea cavernícola! ¡Cuántos ciegos quieren ver las maravillas existentes! ¡Cuántos sordos desean escuchar el trinar melodioso de las palabras! ¡Cuántos personajes idear una quimera! ¡Cuántos seguir el ejemplo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote! ¡Cuántos desearan entender los mensajes de Sancho! .

La cima es aquella quimera quijotesca que oscila entre el idealismo y la realidad, entre el bien y el mal. Sin embargo, la idea original palpita y centellea en el abismo de la desventura, osando al pensante a hilar ideales y realidades. El episodio que enriquece el espíritu valiente y memorable es la aventura de “los molinos de viento”, gigantes que vencieron al Caballero de la Triste Figura cuando “arremetió a todo el galope de Rocinante... y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo” . La obra cervantina transmite una dualidad temática entre la aventura y la desventura, el amor y el desamor, la justicia y la injusticia, las armas y las letras, la belleza y la fealdad, Rocinante y el jumento, el Quijote y Sancho...

Al ilustre lector queda la insaciable tarea de vivir en el todo existencial las posturas de un benemérito caminante que con su acompañante soñaron enriquecer los pensamientos de historias concretas, de aventuras en la coexistencia del misterio de la palabra en los albores del siglo XXI. La Literatura se nutre de las desventuras. La sabia literaria quijotesca está en la preocupación por ayudar al ser humano a través de sabios consejos a generar y posibilitar una salida a encrucijadas naturales. Razón tiene en enfrentar al sabio caballero el Duque, diciéndole “En fin, famoso caballero, no pueden las tinieblas de la malicia ni de la ignorancia encubrir y oscurecer la luz del valor y de la virtud” . Por eso, “has de poner en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey” .

El hombre es una paradoja en constante juego. El juego de la imaginación produce una ruptura epistemológica a partir de la lectura de la obra cervantina. La escisión de la realidad está representada en la dicotomía entre la subjetividad – la naturaleza humana - y la objetividad – la imaginación, la fantasía -, como aparece reseñada en el suceso con los cabreros, en el que las aventuras fluctúan entre lo inmediato y lo fantástico.

La Literatura es un juego de espejos – verdadero símil literario -. La partida original del escritor oscila en diversas dimensiones humanas, penetrando hasta las entrañas del lector y haciéndole catarsis en las vibraciones del entendimiento. La purificación está en el compromiso y responsabilidad personal. Por eso, el hombre tiene que mirarse en el espejo del texto. Este ejercicio exige un ingrediente de valor. La valentía es la figura del esfuerzo por trascender lo mundano en la búsqueda de ideales y de fantasías. Porque “no es valentía la temeridad. Las esperanzas dudosas han de hacer a los hombres atrevidos; pero no temerarios” .

En la Literatura, el texto habla por sí mismo. Cada texto es el espejo aventurero del escritor y del lector - la imagen patética está en el Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes -. Éste semeja aquel principio de la refracción. De ahí que, en cada acción protagónica, el avezado lector se siente comprometido a imaginar posibilidades en compañía del caminante y acompañante. Por eso, el lector está en libertad de tomar posición y hacer “vivir” la palabra escrita. Con razón Don Quijote dice “la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres” .

La aventura quijotesca es nuestra realidad. La figura del caminante es nuestro yo reflejado y visualizado en la palabra hecha “risa”. ¿Quién no ha gozado con los episodios quijotescos? ¿Cuántos consejos meditados ha transmitido la Triste Figura? ¿Cuánta melancolía se ha vuelto sonrisa al despertar del letargo? ¿Cuántos problemas humanos han trascendido al éxito del saber? ¿Cuántas desventuras – aventuras transformadas en aventuras? Con razón el Quijote pregona con símiles literarios que “hombres bajos hay que revientan por parecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren por parecer hombres bajos: aquéllos se levantan, o con la ambición, o con la virtud; éstos se abajan, o con la flojedad, o con el vicio; y es menester aprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos maneras de caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes en las acciones” .

Hoy la palabra está de fiesta. Danza con armonía el signo. La significación está viva en nuestro quehacer literario. El discurso cotidiano está plagado de sentidos versos. Las letras forman rompecabezas en procura de dar nuevos significados a nuestra tarea interpretativa de las obras literarias. Con razón “las letras sin virtud son perlas en el muladar” – respondió el hidalgo Diego de Miranda a don Quijote. Nuestro compromiso pende de la honestidad. Por eso, “la honestidad es una de las virtudes que el cuerpo y el alma más adornan y hermosean” .

Por Luis I. Rodríguez

sábado, 3 de enero de 2009

Camino al aula - LITERATURA

UNA APROXIMACIÓN A LA LITERATURA(1)


“Toda la Literatura consiste en un

esfuerzo por hacer real la vida”.


Fernando Pessoa


En la Literatura se encuentra la sabiduría de los pueblos. Cada símbolo representa una realidad, una vivencia en la que el ser humano deposita su ser. Las palabras son aquellas gotas de agua que en las flores amanecen, son lágrimas de la luna que de noche llora. La palabra es la substancia del discurso, elevando la mente al nocturnal etéreo, creando espectros que enriquecen el espíritu.

La Literatura es la preciosa piedra filosofal, que cual signo, exteriorización y permanencia, enriquece el ideario del insigne principiante que se atemoriza con tratar de plasmar “algo” que sale de su “ser”.

La Literatura trata del “espíritu de la letra”, como dice José Ortega y Gasset. En realidad, la Literatura es “el arte de crear belleza”, expresándola por medio de la palabra.

El hombre es un espectador activo que está interesado en “el signo”, en todo aquello que permanece guardado con significado. La búsqueda es permanente y, por cuanto, el arte constituye un medio de realizar la belleza por medio de la palabra.

El escritor es “el creador, el realizador, el artista literario” que utiliza signos lingüísticos para dar vida. La palabra es vida y se hace vida. Con razón escribía Alfonso Reyes que “la vida de la Literatura se reduce a un diálogo: el creador propone y el público responde con sus reacciones tácitas o expresas”.

El lector es el agente activo que sigue la secuencia vivencial del escrito y posibilita realidades que penetran en la existencia. Por eso, entre estas actitudes surge una intermedia “la comunicativa o crítica”, una postura activa.

El escritor depende del medio en que actúa. La creación es una imagen fantástica o real de todo aquello que quiere plasmar. La realidad existe sólo en cuanto acción y, el escritor se realiza existiendo en sí mismo, vivenciando una realidad transformadora. / Luis I. Rodríguez